domingo, 9 de marzo de 2014

Un poeta que no se rinde

Sus espadas son de acero y odio,
nuestras de hambre y reivindicación.
Sus muertes son de miedo, nuestras de amor.
Sus vidas son suyas, las nuestras, suyas.

Su sangre está en nuestras propias venas;
y no les importa hacerlas sangrar.
Ante sus ojos mueren inocentes,
mientras empresarios arriba ríen.

Miran en el suelo nuestra miseria,
me imagino dentro del club de sus chistes
formulados hacia nuestra pobreza.
Los ricos riendo de nuestro hambre,
ignorando inútilmente nuestra rabia.

¡Pues yo advierto que caerá sus sistema!
¡Que lo revolucionario se impone,
sobre aquellos banales intereses!
¡Pues el sueño de nuestro pueblo es justo!
¡Pues la historia absuelve a los que lucharon!
Aquí un poeta nunca se rinde.

J. M. Uztai Eccos.

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